En pleno barrio de Serrano (nada menos), un piso de 100 m2. salía por cosa de 5.500.000 de pelas. Nuevas construcciones y financiación a 6 años y medio (o sea, unas 70.000 al mes). No, no es ciencia ficción, sino la pura realidad. Ejemplos más asequibles, que no se diga (click para aumentar):
- c/ Los Madrazo (centro), 92m2., 2.350.000.
- c/ Alcalá (centro), 4 dormitorios, 2.000.000.
- c/ Arturo Soria (residencial), 2, 3, 4 dormitorios, de 4.250.000 a 6.550.000.
A estas alturas nos preguntaremos: ¿cuánto se ganaba? ¿Cómo pagar éstas hipotecas de 4, 5 o 6 años? Aquí, unas ofertas de empleo cualificado:
- Técnico en electrónica digital, miniordenadores (qué cosas): 1.500.000
- Ingeniero técnico: 2.000.000En resumidas cuentas, unos salarios que rondaban entre las 90.000 y las 180.000 pesetas al mes (más o menos como ahora, sin cambiar un ápice, y más teniendo en cuenta el nuevo mantra de #nimileurista). O sea, que tener una sola cualificación era más que suficiente para comprar un piso en condiciones, y todo en unos años, incluso una persona sola. Esto es lo natural, lo lógico, lo normal, porque la vivienda es un derecho fundamental, y esos que se curraban una licenciatura o una diplomatura se aseguraban con aquel esfuerzo el acceso a una vida digna.
Ahora estudiar se ha vuelto un problema. Lo llaman sobrecualificación, o licenciados que trabajan de teleoperadores. ¿A qué nos hemos ido acostumbrando? ¿Dónde estamos, si nuestras cualidades como organización social están muy por detrás de aquel año 1981? Nos hemos habituado a llamar chollos a los atracos, pisos a los zulos, a trabajar para sobrevivir y a decir sonrientes: “es lo que hay”.
Pues esto es lo que hubo. Por el bien de nuestras redes neuronales, casi es preferible no ponerse a imaginar cuál puede llegar a ser nuestro futuro de continuar esta tendencia.



